PAPEL DEL PEDIATRA DE ATENCION PRIMARIA: DIAGNOSTICO DE UN NUEVO CASO, DERIVACION AL CENTRO DE REFERENCIA. COMUNICACIÓN ENTRE ESTE Y EL CENTRO DE A.P. SEGUIMIENTO DEL CASO DURANTE Y DESPUES DEL TRATAMIENTO.

Dra. Purificación García de Miguel
Jefe de la Unidad de Hemato-Oncologia y Trasplante de Médula Osea Pediátrica.
Hospital Infantil “La Paz”. Madrid

La curabilidad del cáncer en la infancia ha experimentado un enorme progreso en los últimos años, gracias tanto al éxito conseguido con los programas de tratamiento, como al mayor conocimiento de la enfermedad. Y ello ha sido posible por la existencia de las Unidades de Oncología Pediátrica compuestas por un colectivo de expertos en el manejo clínico de la enfermedad.

En la literatura médica se ha publicado ampliamente que los Niños con cáncer tratados en Unidades Pediátricas de Oncología, alcanzan mayor  tasa de supervivencia que los tratados por otros especialistas. Esto deriva de la unión de oncólogos pediatras que elaboran protocolos de diagnostico y tratamiento bien definidos para los distintos tipos de enfermedad. Colaboran con equipos multinacionales estableciendo grupos cooperativos en los distintos países y se transfieren entre ellos conocimientos, metodologías y tecnologías.

El diagnóstico y tratamiento de un proceso neoplásico, debe de entenderse como una colaboracion multidisciplinar en el que intervienen gran número de especialistas: radiólogos, biólogos, anatopatólogos para un correcto diagnóstico y cirujanos, farmacólogos, radioterapeutas, para un correcto tratamiento. Pero el Oncólogo pediatra es el coordinador en la fase de diagnóstico y el responsable en la toma de decisiones, en cuanto al tratamiento, conduciendo las distintas armas terapéuticas y valorándolas por su morbilidad. La existencia de protocolos de diagnostico y tratamiento permite sustentar las decisiones alcanzadas, en el consenso establecido por expertos en la enfermedad.

En la historia natural de un Niño con cáncer interviene en primer lugar el pediatra de Atención Primaria (AP), que hace un diagnóstico de sospecha de una enfermedad maligna. El pediatra puede establecer correctamente la localización y el tipo de tumor más probable, pero la confirmación diagnóstica obligara a practicar pruebas analíticas y exámenes radiológicos con técnicas cada día mas sofisticadas, que deben ser interpretadas por especialistas que se encuentran en Centros Hospitalarios. En ellos se realizara también la toma de biopsia para su confirmación anatopatológica. Por todas estas razones, ante la sospecha de un proceso maligno, el pediatra de A.P. enviará al niño al hospital para su estudio y tratamiento. En el Hospital de Referencia los oncólogos pediatras establecerán la sistemática diagnóstica, realizaran el diagnóstico correcto del tipo de enfermedad e indicarán el tratamiento a elegir.

La correcta atención de un Niño con cáncer debe ser dividida en cuatro niveles de cuidados. El nivel estará determinado por la complejidad de los procedimientos y los servicios de soporte que exijan el mejor tratamiento para un tipo de enfermedad.

El Nivel I estará constituido por el pediatra de A.P., que es el que sospecha la enfermedad y remite al paciente al Centro de Referencia. Juega un importante papel en el diagnostico precoz de la enfermedad y debe de ser informado del diagnostico definitivo así como del tratamiento que se va a seguir.
En el Nivel II se encuentran Centros Hospitalarios Comarcales o Provinciales que carecen de una Unidad de Oncología Pediátrica, pero cuyo servicio de pediatría es capaz de manejar al niño en situaciones
puntuales, como una fase de neutropenia con fiebre, un cuadro hemorrágico o la aplicación de ciertos medicamentos.

En el Nivel III se encuentran los Hospitales con Unidades de Oncología Pediátrica que carecen de capacidad para resolver problemas mayores de tratamiento como puede ser una cirugía en el sistema nervioso central, cirugía de tumores óseos, trasplante de medula ósea.

El Nivel IV se encuentran los Hospitales que pueden llevar a cabo todo tipo de tratamientos complejos quirúrgicos o el trasplante de medula ósea en todas sus modalidades, alcanzando con ello el nivel mas alto requerido en la especialidad de Oncología pediátrica  a nivel internacional

Todos los niveles son igualmente importantes para el mejor tratamiento de un Niño con cáncer y para su mejor calidad de vida. Las unidades con un nivel IV de atención deben mantener una relación costante e individualizada con los profesionales que se encuentran en otros niveles de tratamiento. Esto revertirá en la mayor comodidad de un paciente que no va a necesitar desplazarse a centros hospitalarios lejanos a su lugar de residencia para controles analíticos o para tratamientos de soporte con antibióticos o transfusiones. La existencia de centros con un nivel IV de atención va a proporcionar seguridad a los profesionales en Oncología pediátrica de nivel III, que van a ver compartida su responsabilidad en cuanto a la mejor atención de sus pacientes y serán capaces de trasmitir a la familia la seguridad de que el Niño va a recibir el mejor tratamiento.

Finalizado el tratamiento, el Niño seguirá las revisiones previstas determinadas por la Unidad de Oncología responsable y acudirá a su pediatra de A.P. que continuará con el programa normal de visitas habituales para la población infantil y se encargará del diagnostico y tratamiento de enfermedades comunes en la infancia. Pero además el pediatra de A.P. cumplirá un importante papel al vigilar la posible recidiva de la enfermedad en los intervalos de tiempo que transcurre entre las revisiones en los Centros de Referencia y la aparición de efectos secundarios del  tratamiento. También completará el calendario vacunal según las indicaciones proporcionadas por los oncólogos.

Si aceptamos estos niveles de atención al niño con cáncer, los oncólogos pediatras tendremos la satisfacción de comprobar que nuestros pacientes de cualquier lugar del país van a beneficiarse de las técnicas más avanzadas y de mayor nivel que se exigen para la curación de la enfermedad.
 


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